SEGUNDO ESPALLARGAS, alias “Paulino”(Aragón,1920 -París, 2012)

EL BOXEADOR IMBATIDO DE MAUTHAUSEN

OLYMPUS DIGITAL CAMERADe entre los veinte entrevistados de “Vivos en el averno nazi” uno de los que más me impactaron fue Segundo Espallargas, alias Paulino (Albalate del Arzobispo, Aragón, enero 1920 – París, 2012).

El día que le visité en su domicilio en las afueras de París libraba su último combate, esta vez con la vida. Semanas después falleció a los 93 años, pero el hombre que yo conocí aquella mañana, aunque enfermo, era alto, de complexión fuerte y robusta, brazos largos y manos grandes, era el boxeador imbatido de Mauthausen. Me impresionó por su grandeza y, a la vez, por debilidad física, todo al mismo tiempo. Era un hombre sencillo, con buen humor, incluso aún a pesar de sus escasas energías contó que al nacer pesaba más de siete kilos y que muchas personas acudían a verle como algo fuera de lo normal. Realmente lo fue.

Luchó en la guerra civil con apenas dieciséis años y, más tarde, al estallar la segunda Paulino, boxeador campo nazi de joven, años 40 foto 2guerra mundial, fue destinado a campos de prisioneros de guerra hasta llegar finalmente a Mauthausen, donde estuvo cuatro años. Desempeñó diversos trabajos: en la cantera, cargando mercancías pesadas, como mecánico, en las cocinas…Pero algo le diferenciaba de los demás presos a ojos de los SS: sus puños. Los fines de semana los nazis montaban un cuadrilátero y Paulino debía luchar en aquél cruento ring. Combatió con boxeadores de diversas nacionalidades, algunos prisioneros como él, a sabiendas de que una derrota podía conllevar su muerte inmediata. Su misión era ganar, permanecer imbatido. Lo consiguió.

Todo esto lo recordaba el día que le visité. Decoraban las paredes de su casPaulino, boxeador campo nazi dibujoa diversos cuadros, fotografías y dibujos. Distinguía imágenes de un Espallargas joven en el año 1946, un dibujo a lápiz de dos boxeadores en combate firmado por R. Mossot y un cuadro que le regaló un amigo, una pintura muy colorida con el rostro de un boxeador con sus guantes situado delante de un muro donde se puede leer bien grande: Mauthausen. Aquellas paredes transmitían toda una vida.

De repente me mira, sonríe y hace un gesto para que me siente a su lado. Estaba prácticamente sordo. Aún así, escucho su voz y, aunque se agota pronto, resuena fuerte en su caja torácica para decirme:

Paulino, boxeador campo nazi 3-Ser boxeador es lo que me salvó en el campo. Fue el comandante de Mauthausen el que me dio el nombre de Paulino porque admiraba mucho a un español guipuzcoano, un campeón que boxeaba en Alemania que se llamaba Paulino Uzcudun. Por eso me llamó así. Me decía ‘¡si no ganas, vas al crematorio!

Cuando explica que, por ser imbatido, llegó a tener a veces el privilegio de escoger a sus adversarios, imagino los puñetazos que podía dar con rabia este personaje musculado de más de 1,80 metros de altura para efectuar tal venganza. Lo cierto es que, a medida que ganaba los combates, aumentaba su importancia en el campo y el respeto que kapos y SS sentían por él.Paulino, boxeador campo nazi pintura

Con frecuencia el comandante gritaba: “montad el ring y llamad a Paulino!” Y siempre ganaba. De combate en combate, los prisioneros lo admiraban, los alemanes le respetaban y sus contrincantes le temían….

(VIVOS EN EL AVERNO NAZI- Ed. Crítica)

 

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